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La abeja y la cigarra

  • Marcelo Sonenblum
  • hace 5 días
  • 4 Min. de lectura

La vida en La Colmena era perfecta….

 

Las abejas obreras que nunca dejarían de ser obreras salían una y otra vez todas juntas a buscar el néctar de las flores para alimentar a toda La Colmena. 

La reina que nunca dejaría de ser reina elegía un novio entre todos los abejos y a los que no elegía los declaraba “game over”.

Esta misma reina que nunca dejaría de ser reina ponía muchos huevos y de esos huevos salían las princesas, aunque en realidad la reina también elegía una sola y a las otras también las declaraba “game over”.

Esta Colmena era un ejemplo de comunidad organizada y eficiente integrada por bichitos tiernos y dulces.

 

Pero un día de esos que a toda comunidad perfecta les llega que paso? Nació una abeja negra.

Las demás abejas y la reina se horrorizaron… la comunidad perfecta tenia ahora una integrante diferente, mejor dicho... muy diferente.

 

Pero por si fuera poco la Abeja Negra no solo era de un color diferente, sino que también tenía ambiciones: quería cantar.

 

Que???  dijeron sus compañeras… te tenés que haber vuelto loca…. olvidaaaaaaate.

 

Y así La Abeja Negra creció en La Colmena como una obrera y sin poder cantar

La Abeja Negra no entendía mucho esto de obreras que nunca dejarían de ser obreras y de reinas que nunca dejarían de ser reinas, pero bueno… tampoco tenía chance de pensarlo y menos de preguntarlo, así que estaba ya resignada a que su vida era esta y debería conformarse.

 

Y llegó el día en que La Abeja Negra debió salir con sus compañeras obreras que nunca dejarían de ser obreras a buscar el néctar de las flores para alimentar a toda La Colmena.

Así iban de flor en flor hasta que atravesando una arboleda sintió cantar… ”escucha” le dijo a la abeja que volaba al lado de ella, “no escucho nada, déjate de pavadas y hace lo que tenés que hacer” le respondió la abeja.

Pero La Abeja Negra no era precisamente obediente y en ese momento su rebeldía dijo presente, y poco a poco se fue retrasando hasta que cuando el resto de las abejas no se dieron cuenta, se separó del grupo y se internó en la arboleda en busca de la música que había escuchado.

No tardó mucho en llegar al lugar de donde venían esas maravillosas canciones…se escondió detrás de un árbol para que no la vean y asombrada observaba como un montón de cigarras cantaban, bailaban y se divertían unas con otras.

 

El corazón de La Abeja Negra latía como nunca, y su cuerpo comenzó a moverse al ritmo de la canción y así poco a poco fue sumándose al canto,  hasta que sin darse cuenta cantaba y bailaba de un modo tan exagerado que era imposible pasar desapercibida, asi que una de las cigarras la miro y le dijo: “veni”.

La Abeja Negra quedo paralizada del miedo pero no tenía más remedio que ir, la habían descubierto…

“Vos quien sos” le dijo La Cigarra, 

“soy La Abeja Negra”, respondió temblando, “usted es la reina?  no me haga nada por favor, no me ponga game over, yo ya me vuelvo, no quise molestar ¡!!” decía suplicando.

La Cigarra la observo, le sonrió y le respondió  “Aquí no hay reinas amiga, y nadie se queda game over, aquí solo cantamos y nos divertimos…si queres cantar con nosotras podes hacerlo”.

La Abeja Negra pensó que todo esto que le estaba pasando era un sueño, pero que más daba, sueño o realidad tenía que disfrutarlo, así que se mezcló entre las cigarras como si fuera una de ellas cantando y bailando sin parar….

 

En un momento vio entre los árboles como todas las abejas que iban con ella regresaban a La Colmena y le dijo a La Cigarra:

“Tengo que regresar amiga, sino ya no podré volver a La Colmena, te agradezco este momento, ya que de dónde vengo no se puede ni cantar ni bailar, me gustaría quedarme un rato más pero no puedo.”

La Cigarra había observado lo feliz que La Abeja Negra era cantando y bailando entre ellas y le respondió: “tengo una idea… yo me pongo tu traje y voy a La Colmena haciéndome pasar por vos, luego en el próximo vuelo yo  regreso aquí y vos regresas a La Colmena”

La Abeja Negra por segunda vez en el día pensó que su corazón se le iba a salir de la alegría…. solo atinó a abrazar a la cigarra llorando de tanta felicidad y agradecimiento.

 

Así fue como La Abeja Negra se quedó entre las cigarras y la cigarra, se fue con las abejas….

La cigarra no sabía la vida que le esperaba en La Colmena y no pudo resistir… se murió de tristeza.

La Abeja Negra espero en vano que su amiga La Cigarra regresara… pasaron uno, dos y muchos vuelos, pero la cigarra no regresó.

 

La vida en La Colmena seguía perfecta.

 
 
 

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