Eficiencia dinámica y desarrollo personal
- Marcelo Sonenblum
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura
Las personas al fin y al cabo somos sistemas inestables...

Estos días, leyendo sobre Teoría de Eficiencia Dinámica, pensé en bajarla al desarrollo personal.
Y apareció esta idea.
Durante mucho tiempo leí la eficiencia como algo externo.
Empresas, sistemas, economías, recursos.
Siempre algo que se organiza desde afuera.
Pero mientras más avanzaba, más difícil se me hacía no correr el foco.
Porque muchas de las preguntas que la teoría plantea
no parecían hablar solo de empresas.
Hablaban de tiempo. De energía.
De decisiones que hoy parecen pequeñas y mañana pesan.
Y entonces apareció una incomodidad suave:
¿y si la eficiencia dinámica también fuera personal?
Una persona, al fin y al cabo, también es un sistema. No cerrado. No estable.
Un sistema vivo, atravesado por el contexto, con recursos limitados y márgenes que no siempre se ven.
En desarrollo personal solemos preguntarnos si estamos creciendo, si estamos logrando lo que queremos, si estamos “mejorando”.
La eficiencia dinámica, en cambio, parece mirar otra cosa.
No pregunta si estamos llegando. Pregunta si nos estamos sosteniendo.
Hay decisiones que entusiasman hoy y comprometen mañana.
Ritmos que funcionan un tiempo y después empiezan a pasar factura.
Hábitos que se justifican por resultados aunque erosionen algo más profundo.
No es juicio. Es dinámica.
Pensada así, la eficiencia dinámica no empuja a ser más, sino a durar mejor.
No propone una versión ideal de uno mismo, sino cierta viabilidad en el tiempo.
Seguir teniendo margen. Poder cambiar.
No quedar atrapado en decisiones que alguna vez funcionaron pero ya no dialogan con el presente.
Quizás el desarrollo personal no tenga tanto que ver con optimizarse, sino con no romperse mientras se vive. No lo sé con certeza.
Es apenas una mirada que apareció leyendo, mezclándose con experiencias propias y con otras ajenas que uno va reconociendo.
Como casi todo lo que importa, no termina de cerrarse.




Comentarios