La oveja negra nativa digital
- Marcelo Sonenblum
- hace 1 día
- 2 Min. de lectura
Sobre liderazgo, criterio y el valor de pensar antes de ejecutar

Las organizaciones contemporáneas celebran la velocidad, la iteración permanente y la ejecución inmediata. En ese contexto, las nuevas generaciones nativas digitales se destacan por su dominio natural de herramientas, su capacidad de adaptación y su familiaridad con entornos tecnológicos complejos.
Sin embargo, esa fortaleza trae consigo un riesgo estructural: la confusión entre rapidez y criterio, entre capacidad técnica y juicio estratégico. Es allí donde emerge una figura tan incómoda como necesaria: la oveja negra nativa digital.
La oveja negra no es quien rechaza lo digital ni quien se resiste al cambio. Por el contrario, es profundamente competente en el uso de la tecnología. Su diferencia radica en otra parte: no ejecuta sin comprender. Frente al impulso colectivo de actuar primero y corregir después, introduce una pausa. Analiza, compara, mide consecuencias. No porque tema equivocarse, sino porque entiende que no todos los errores son reversibles.
A diferencia de generaciones anteriores, esta oveja negra no accede al pasado por experiencia directa, sino por reconstrucción consciente. Aprende historia organizacional, casos de fracaso, costos ocultos y efectos secundarios que no figuran en dashboards ni métricas de corto plazo. Comprende que cada automatización elimina fricciones, pero también borra matices; que cada optimización ahorra tiempo, pero puede erosionar vínculos, confianza o reputación.
Su rasgo más distintivo no es el conocimiento técnico, sino la capacidad de incomodidad. Pregunta cuando el consenso ya decidió. Duda cuando la herramienta promete soluciones mágicas. Se resiste a adoptar modas sin entender su impacto sistémico. Esa actitud suele ser percibida como lentitud o escepticismo, cuando en realidad es pensamiento estratégico en estado puro.
Formar ovejas negras nativas digitales no es un proceso espontáneo ni meritocrático en el sentido tradicional. Requiere exponer a ciertos perfiles a decisiones ambiguas, dilemas sin manual, escenarios donde no existe una respuesta correcta, sino apenas la menos riesgosa. Es en ese territorio gris donde se entrena el criterio, no en la repetición eficiente de procesos cerrados.
Estas figuras cumplen un rol clave en organizaciones que buscan escalar sin perder coherencia. Funcionan como contrapeso interno frente a la fascinación tecnológica, introduciendo preguntas sobre oportunidad, impacto humano y sostenibilidad. No frenan la innovación; la encuadran. No niegan el futuro; lo ordenan.
Un error frecuente es intentar convertir a estas ovejas negras en líderes tradicionales o replicar en ellas modelos del pasado. Su valor no reside en copiar estilos previos, sino en integrar profundidad analógica con competencia digital. Son líderes de umbral: operan entre mundos, traducen lenguajes y detectan riesgos invisibles para quienes solo miran la superficie del presente.
En tiempos donde casi todo puede hacerse, la oveja negra nativa digital recuerda una verdad incómoda y esencial: no todo lo que puede hacerse, debe hacerse ahora. En esa frase, simple y antigua, se juega buena parte del liderazgo del futuro.




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