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El Nuevo Analfabetismo

  • Marcelo Sonenblum
  • 4 abr
  • 2 min de lectura

Durante siglos, el analfabetismo fue una frontera clara: o sabías leer el mundo… o el mundo te leía a vos.


Después vino la máquina. Y el que no sabía usarla quedó, otra vez, del lado de afuera. Más tarde, la planilla, el documento, el correo: nuevas puertas, mismos excluidos.


Pero hoy… hoy la frontera ya no es técnica. Es otra cosa más sutil. Más peligrosa.


Hoy el verdadero analfabetismo es no saber pensar en un mundo que piensa por vos.

No es no saber usar una herramienta. Eso se aprende en una tarde.

Es no saber formular una pregunta, no poder discernir entre lo verdadero y lo verosímil, no tener criterio para distinguir lo importante de lo urgente.


Porque vivimos en una época donde:

cualquiera puede escribir… pero pocos tienen algo para decir,

cualquiera puede acceder a información… pero pocos pueden transformarla en conocimiento, cualquiera puede usar inteligencia artificial… pero no todos saben conversar con ella con intención y sentido.


Hoy el nuevo analfabeto es:

el que copia sin entender,

el que automatiza sin criterio,

el que delega su juicio en un algoritmo,

el que consume contenido sin procesarlo,

el que no sabe aprender por sí mismo.


Y hay algo más —quizás lo más incómodo—:

el analfabeto contemporáneo puede parecer altamente competente. Maneja apps, responde rápido, produce mucho. Pero no decide mejor.

Por eso, si hubiera que marcar un límite, diría esto con claridad:

El analfabetismo hoy no es la falta de acceso a herramientas, sino la incapacidad de gobernar el propio pensamiento en medio de ellas.

El que no puede: aprender de forma autónoma, adaptarse a lo nuevo, interpretar lo que lee más allá de la superficie, y construir criterio propio… ese, aunque tenga todos los dispositivos del mundo, sigue estando afuera.


Antes el analfabeto no podía leer un libro.

Hoy, el riesgo es más profundo: leer todo… y no entender nada.

 
 
 

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