top of page

Liderazgo de Dominio, la IA y el desafío organizacional

  • Marcelo Sonenblum
  • 18 ene
  • 2 Min. de lectura

El foco ya no está arriba del todo, sino en ese liderazgo intermedio que hace que las cosas pasen.



Durante años hablamos de liderazgo en términos amplios: visión, inspiración, estrategia. Hoy, con la inteligencia artificial instalada en el corazón de las organizaciones, esa definición empieza a quedar corta. No alcanza con liderar personas o áreas. Empieza a ser imprescindible liderar dominios: procesos completos, flujos de valor reales, decisiones con impacto tangible.


El concepto de Liderazgo de Dominio no surge como una moda, sino como respuesta a un problema concreto: la dificultad de transformar el negocio en serio. Muchas iniciativas de IA fracasan no por falta de tecnología, sino por falta de personas capaces de conectar problemas reales con decisiones operativas, de punta a punta.


Un Líder de Dominio no es necesariamente quien ocupa el cargo más alto. Suele estar dos o tres niveles por debajo del CEO. Es quien conoce el proceso, entiende sus fricciones, asume responsabilidad sobre el resultado y puede dialogar tanto con las personas como con los datos. No gestiona tareas: gobierna un sistema.


Aquí aparece el primer gran desafío organizacional: los organigramas tradicionales no siempre reconocen ni forman este tipo de liderazgo. Se premia la especialización aislada o la jerarquía, pero no siempre la mirada integral. Y sin esa mirada, la IA se convierte en una herramienta potente… aplicada sobre problemas mal formulados.


El segundo desafío es cultural. Liderar un dominio implica aceptar la incomodidad de decidir con información incompleta, hacerse cargo de los errores y abandonar la lógica del “eso no depende de mí”. La IA no elimina esa tensión; la expone. Cuanto más datos tenemos, más evidente se vuelve la necesidad de criterio humano.


Por eso, el desarrollo de Líderes de Dominio no se resuelve con capacitaciones técnicas ni con cursos de herramientas. Requiere formación en pensamiento aplicado, en formulación de problemas, en lectura sistémica de procesos y en uso consciente de la IA como apoyo, no como sustituto del juicio.

Consultoras como McKinsey & Company vienen señalando esta carencia con claridad: la ventaja competitiva de la IA no está en el modelo, sino en las personas capaces de traducir negocio en decisiones y tecnología en impacto. El foco ya no está arriba del todo, sino en ese liderazgo intermedio que hace que las cosas pasen.


En este contexto, hablar de Liderazgo de Dominio es hablar de futuro, pero con raíces profundas. De organizaciones que entienden que crecer no es solo escalar, sino pensar mejor. Y de personas que asumen que liderar hoy no es saber todas las respuestas, sino hacerse responsable de las preguntas correctas.

 
 
 

Comentarios


bottom of page